كل الأبعاد: حول مستقبل القضية الفلسطينية في ظل اقتراب صفقة القرن

لقائي مع الأستاذ شريف منصور الذي تحدثنا به عن القضية الفلسطينية في ظل صفقة القرن والتغيرات الإقليمية بتاريخ ٢٧/٦/٢٠١٨

Razan perdió su vida; mientras tanto, Nikki Haley perdía su humanidad

Primero publicado en Monitor De Oriente on 5/6/2018

Razan murió como una orgullosa palestina lleno de humanidad y será recordada con el mismo nombre con el que nació. Por el contrario, Nimrata Randhawa, será recordada por su nombre adoptado, Nikki Haley, ocultando su herencia india. Elshamy/Anadolu Agency]

El pasado viernes, 1 de junio, una médico voluntaria palestina, Razan Al Najar, mientras ayunaba, atendía a los heridos en la verja artificial que separa a Gaza de Israel. A miles de kilómetros, la embajadora de Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley, maquinaba en nombre de Israel en el organismo internacional. El día acabó con Razan glorificada y convertida en mártir y en Nikki humillada y avergonzada.

Como hacía cada día desde el comienzo de la Gran Marcha del Retorno el 30 de marzo, Razan se despidió de su familia y se dirigió a la frontera, consciente de que sus habilidades serían necesarias para tratar a los palestinos que se disponían a marchar hacia la valla que separa artificialmente a Gaza del resto de la Palestina histórica. Marchan para ejercitar su derecho a regresar a los hogares de los que proceden y de donde las fuerzas israelíes les expulsaron en 1948. Sin duda, los conocimientos médicos de Razan serían necesarios, ya que Israel había decidido desplegar a decenas de francotiradores profesionales para asesinar a palestinos. El número de víctimas ha alcanzado las 119 y más de diez mil heridos; algunas estimaciones elevan esta cifra a más de 13.000.

Una publicación de Facebook – cuya exactitud no puedo verificar – afirma que, en sus últimas palabras, Razan le pidió a su madre que hiciera hojas de parra rellenas para la ruptura del ayuno al anochecer. Se despidió y marchó a encontrarse con sus compañeros médicos en la valla. En aquel momento, Nikki Haley estaría probablemente desayunando antes de dirigirse a la ONU y decidir cómo lidiar con los 15 miembros del Consejo de Seguridad. No había llegado a un acuerdo sobre ninguna declaración respecto a los acontecimientos en la frontera de Gaza desde el comienzo de las marchas, a pesar del alto número de víctimas. Aquel día, el Consejo decidía si respaldar una resolución presentada por Kuwait pidiendo protección para el pueblo palestino, o respaldar una resolución estadounidense condenando a Hamás por una serie de cohetes disparados desde la Franja de Gaza en respuesta a los crímenes israelíes.

Razan, de 20 años, era la mayor de seis hermanos. Tenía un título en enfermería general y había completado unos 38 cursos de primeros auxilios. Aunque no tenía asegurado un trabajo remunerado, se ofrecía como voluntaria en hospitales, ONGS y organizaciones médicas, desarrollando habilidades y experiencia que la convirtieron en una gran ayuda durante la Gran Marcha.

En una entrevista con el The New York Times el mes pasado, Razan explicaba por qué se había ofrecido voluntaria para ayudar en la Gran Marcha del Retorno, sobre todo como mujer. “Ser médico no es sólo un trabajo de hombres”, dijo Razan, “también es de mujeres”.

También atestiguó los momentos finales de algunos heridos de muerte. “Me rompe el corazón que algunos de los jóvenes que resultaron heridos o fueron asesinados me dijeran a mí su última voluntad”, contaba a Al Jazeera. “Algunos incluso me daban objetos suyos [como regalo] antes de morir.”

En una publicación en su cuenta de Facebook el 16 de mayo, Razan negaba las acusaciones de que ella y otros voluntarios habían sido coaccionados para ir a la frontera.

El 1 de junio, un francotirador israelí la disparó por la espalda, según informó la organización activista Al Mezan, citando a testigos oculares y a sus investigaciones. En el momento de recibir el disparo, se encontraba a 100 m. de la valla y llevaba ropas que claramente la identificaban como médico. Su chaleco médico manchado de sangre la acompañó a la tumba durante el funeral masivo que se celebró para ella al día siguiente.

Comparemos los actos humanos y desinteresados de Razan, de 21 años, con oportunidades limitadas de conseguir paz y justicia para su pueblo, con los intentos vergonzosos y descarados de la embajadora Nikki Haley en el Consejo de Seguridad para denegar la protección al pueblo de Razan. Mientras que Kuwait proponía una resolución al Consejo para cumplir su responsabilidad ante un pueblo oprimido y garantizar su protección, Haley proponía una resolución para denunciar a Hamás por los cohetes lanzados contra zonas israelíes tras los ataques y bombardeos mortales de Israel en el enclave asediado.

La votación sobre ambos textos se produjo poco después de la muerte de Razan. Haley no consiguió más votos que el suyo para su resolución; tres países votaron en contra y 11 se abstuvieron. Una total humillación para Estados Unidos y personalmente para Haley que hizo que los analistas revolvieran los registros históricos hasta encontrar otra ocasión en la que una resolución sólo hubiera contado con el apoyo del país que la proponía. En el momento de escribir este artículo, aún no han encontrado ninguna.

Una vez más, Haley quedó aislada cuando Estados Unidos vetó una resolución para proteger a los palestinos. Con su poder en Israel, ha dado la espalda a un pueblo palestino mayoritariamente pacífico que se enfrenta al ejército de Israel, ayudado por el hardware militar de EEUU, con un valor de miles de millones de dólares. En una reunión previa del Consejo respecto a los asesinatos de Israel contra manifestantes palestinos, decidió salir en cuanto su representante comenzó hablar. Supuso una clara violación del protocolo y produjo grandes críticas. Dado su desempeño general como embajadora de los Estados Unidos, el presidente Trump debería despedir a Haley inmediatamente. Ha provocado el aislamiento y la humillación de su país; todo por el bien de un aliado inmerecido, Israel.

El 1 de junio de 2018, Razan perdió su vida mientras Nikki Haley perdía su humanidad al defender las acciones terroristas de un Estado criminal, Israel. Razan murió como una palestina orgullosa, llena de humanidad, y será recordada con el mismo nombre que le pusieron al nacer. Al contrario, Nimrata Randhawa, hija de inmigrantes sij, un día fallecerá y será recordada por su nombre adoptivo, Nikki Haley, con el que oculta su herencia india. Razan será recordada por su voluntariado desinteresado, mientras que Haley será recordada por apoyar y proteger al único Estado de apartheid del mundo.

Razan no podía hacer mucho por cambiar el mundo y conseguir la paz en tierra santa, mientras que Haley, desde una de las oficinas más poderosas de la política mundial, podría haber ayudado a proteger a los palestinos y llevar la paz a la región. Si Razan hubiera tenido un cargo tan alto, el mundo sería un lugar mejor.

Descansa en paz, Razan Al-Najar. Vales más que un millón de Nikki Haleys.

 

 

Interview: Palestinians in Europe hold annual conference

I took part in the Sun will Rise programme for Press Tv which was broadcast on 4/5/2018

The Great March of Return: An opportunity for Palestinians to return to Najd or is it Sedrot?

First published by the Middle East Monitor on 30/3/2018

There is nothing like a trip to Beirut and a visit to Palestinian refugee camps to remind visitors of the nub of the Palestinian catastrophe, the Nakba which refugees continue to endure to this day. They were thrown out of their homeland simply because another people wanted to make it their own and were prepared to use all means possible to have it, regardless of the catastrophic impact this would have on fellow human beings. The Palestinians did not ask to be occupied by the British or the Zionists and did not offer their land for another people, who would?

The 750,000 expelled in 1948 have now grown to nearly six million, most of whom are refugees living in camps in Jordan, Syria and Lebanon. The others are not formally refugees but like their fellow Palestinians – who are formally refugees according to United Nations Relief and Works Agency (UNRWA) – have an unshakeable connection to historic Palestine and wish to realise their right to return peacefully to their towns and villages in historic Palestine.

In 1948, 100,000 Palestinians fled to Lebanon. According to UNRWA their numbers grew to an estimated 452,000 by 2015, living in 12 refugee camps. However, a consensus carried out by Lebanon in 2017 reported a much lower figure of 174,000. Asked to explain the difference the Agency’s spokeswoman Huda Samra told AFP: “UNRWA does not have a headcount of Palestinian refugees who are currently residing in Lebanon. What we have as an agency are official registration records for the number of registered Palestine refugees in Lebanon”.  In addition to the Palestinian refugees in Lebanon, the consensus found that 17,000 Palestinian refugees from Syria had also moved into refugee camps in Lebanon as a result of the security situation there.

I am currently in Lebanon and ahead of Land Day, which is marked today, I took the opportunity to visit Sabra and the Shatila refugee camps in Beirut. The names are infamous for a massacre that was carried out by Lebanese militia under the watch of the Israeli army during their devastating invasion of Lebanon between 16 and 19 September 1982. Estimates of how many were massacred vary between 800 and 3,500 mostly Palestinian civilians but also some Shias. The man in control of the area was none other than Ariel Sharon who went on to become Israeli prime minister.

I visited the Bourj Al-Barajneh camp last year and was therefore better prepared for what I was about to see than I was last year. To reach the Shatila camp from Sabra, you walk through a busy market which winds its way to the entrance where you are met with Palestinian flags and those of some of the factions. Images of Yasser Arafat and Mahmoud Abbas, abound, though there are far more of the man Palestinians lovingly call Abu Ammar than there are of Abu Mazen.

If you have just come from some of the affluent neighbourhoods in Beirut, entering the camp is like a time warp into a different era. No smart blocks, no wide roads or shops selling designer clothes and certainly no Porsches or Jaguars. Mopeds are the most common means of transport and even they have to occasionally slow down to pass one coming in the other direction. You encounter row upon row of winding alleys hardly large enough for two people to pass at the same time. But it is the electricity cables that hang overhead that characterise the camps. I had hear about them but seeing them is a different thing.

Israel and its supporters would want you to blame Lebanon for the conditions in the camps, which the government acknowledges are desperate. Lebanese Prime Minister Saad Hariri said Lebanon had a “duty” towards Palestinians and acknowledged, “Over the past decades, the social and humanitarian problems faced by Palestinian refugees have accumulated, and the reality in the camps has become tragic on all levels,” However, he insisted Lebanon would, under no circumstances, accept their naturalisation. Hariri knows, neither do they.

They want to return to Palestine and they have a right to return according to UN Resolution 194, which resolved on 11 December 1948 that “refugees wishing to return to their homes and live at peace with their neighbours should be permitted to do so at the earliest practicable date, and that compensation should be paid for the property of those choosing not to return and for loss of or damage to property which, under principles of international law or equity, should be made good by the Governments or authorities responsible.”

However, Israel has always refused to implement it – as it has countless other UN resolutions – claiming it would spell the end of the state. The international community is also complicit in the plight of the refugees for it has not acted in 70 years to pressure Israel to allow them to return. The Arab countries have also been found wanting. The 2002 Arab Peace Initiative –which the Palestinian Authority accepts – lowered the ceiling from the right of all refugees to return to finding a “just solution”. What could be more just than their unconditional return?

The refugees have therefore been left with no alternative but to take matters into their hands. This started in 2011 when, on 15 May, refugees made their way to the border with Israel in a number of bordering countries. In Lebanon, their protests were met with live fire from Israeli border soldiers which resulted in the death of 11 civilians and injuries to 100. Israel’s claimed Lebanese forces shot them.

Frustrated by the lack of progress to deliver their rights, Palestinians are once again on the move to remind the world of this unfinished business, their return. This time they have chosen Land Day and the besieged Gaza Strip to be the theatre for this latest episode in their quest to return, the “Great March of Return”. Figures show that 80 per cent of the nearly two million Palestinians in Gaza are refugees. They include those refugees from Najd, a Palestinian village bordering Gaza that was ethnically cleansed in 1948 and on whose land an Israeli settlement was created. It is called Sderot a city that is home to 24,000 Israelis and lies less than a mile from the border. Readers will recognise it as a colony that has received many rockets fired from Gaza and has become part of itinerary of visitors to Israel who stand and sympathise with the residents without giving a second’s though to the Palestinians just across the border on whose land it now exists.

Organisers of the Great March of Return insisted it will be a peaceful procession and that “it is a procession of human right that demands an implementation of the right of return.” according to spokesman Ahmed Abu Rteime. He insisted the Palestinians would only be armed with “the camera and the word” assuring that “there will be no burning of tyres, stone throwing or any confrontation with the Israeli occupation forces”. He said that the protestors would keep a 700 metre distance from the border.

“We are talking about a new style of peaceful resistance. Our goal is to revive our cause politically and peacefully,” said Abu Rteima.

The Israeli army’s response has been typically belligerent warning “these demonstrations might be used as a cover to damage the security infrastructure or harm the Israeli citizens or soldiers.” The Israeli army vowed that its forces would respond with a strong hand against such attempts. Israeli planes dropped leaflets and flyers in Arabic to the eastern areas of the Gaza Strip, warning residents not to approach the borders fence.

Israel, which killed disabled and wheelchair bound Ibrahim Abu Thuraya in December 2017, is certainly prepared to use live ammunition on peaceful protesters. Palestinians will bravely bring their plight to the attention of the world today but those of us looking on from the outside fear for their safety.

Instead of the Israeli army attacking the Palestinian refugees, the residents of Sedrot should be inviting those hailing from Najd to return to their hometown. That would be a much better way to mark Land Day. It would also give great hope to the refugees in Shatila camp and others.

 

Abbas’ vision for peace is dead in its tracks

First published by the Middle East Eye on 27/2/2018

The Palestinian president has called for an international conference by mid-2018 to recognise Palestine as a state, but prospects are bleak amid US bias towards Israel

At a recent UN Security Council meeting, Palestinian President Mahmoud Abbas was set to deliver what was billed by his aides as an important speech outlining his peace plan after a tumultuous end to 2017, when US President Donald Trump recognised Jerusalem as Israel’s capital and triggered the move of the US embassy there.

Before his speech, Abbas tested the readiness of a number of stakeholders in the peace process to see if they would take a more prominent role. He met with the EU’s foreign affairs chief Federica Mogherini and Russian President Vladimir Putin, among others, calling for a broader group to oversee international negotiations and ensure the recognition of a Palestinian state.

While both Mogherini and Putin rejected Trump’s Jerusalem move, neither indicated a willingness to see the US sidelined in any future peace initiative.

Criticism from ambassadors

In his speech, Abbas relayed his vision for the future and asked to whom the Palestinians could turn to realise their rights if the UN Security Council fails them. “This Security Council is the highest entity to which the peoples of the world seek sanctuary and protection; after this council, we rest our issue to the Almighty. For, if justice for our people cannot be attained here, then to where should we go?” he asked.

Abbas called for several things, including an international peace conference by mid-2018 that would recognise Palestine as a state; the implementation of the Arab Peace Initiative; and the refraining of all parties from taking any unilateral actions during the negotiation process.

The agreed package would need to be endorsed by the Security Council.

The Israeli and US ambassadors subsequently ridiculed Abbas, who left the stage immediately after his speech, for running away from hard “truths”. Israeli ambassador Danny Danon said he had “expected Mr Abbas to stay for a dialogue, but once again he has run away instead of listening to what we have to say”, and accused him of being “no longer part of the solution. You are the problem.”

US ambassador Nikki Haley was also heavily critical, noting: “There is the path of absolutist demands, hateful rhetoric, and incitement to violence. That path has led, and will continue to lead, to nothing but hardship for the Palestinian people. Or there is the path of negotiation and compromise.”

‘Deal of the century’

If the Palestinian president expected to leave the stage to rapturous applause from the Security Council, he was badly disappointed. If this is the body that he expects to endorse his plan, convene an international conference this summer and recognise Palestine as a state, then he might as well have saved himself the journey.

The call by Abbas for an international conference appears dead in its tracks when one considers the last attempt by France, a permanent member of the Security Council, to hold one in far more favourable political conditions, in the dying days of the Obama administration.

The conference was attended by some 70 countries, excluding Israel and the Palestinians, with Britain sending a low-level official instead of its foreign secretary. Even well-informed followers of the conflict would struggle to recall what the Paris conference achieved; its call for the status of Jerusalem not to be changed unilaterally was disregarded by Trump almost exactly a year later.

Nikki Haley, US ambassador to the United Nations, awaits Palestinian leader Mahmoud Abbas’ speech to the Security Council on February 20, 2018, as US presidential adviser Jared Kushner looks on (AFP)

The US administration is continuing to develop its “deal of the century”, with Haley recently cautioning that neither Israel nor the Palestinians would “love” it. Palestinians will have to reject the deal if, as leaks have suggested, the core issues of Jerusalem and the status of Palestinian refugees are taken off the table.

Israel, meanwhile, will have a great hand in influencing the deal, but it will still claim that it falls short of meeting its security needs – but that it can work with Trump’s administration to improve it. The more they “improve” it, the less favourable it will be to Palestinians, who will be castigated for again “disrespecting” the administration.

Cards stacked against Palestinians

How could an international conference be held under this kind of near-certain outcome, and why did Abbas misguidedly specify an almost impossible date for the process, knowing the cards are stacked against him?

The only factor that could reshuffle the cards would be a change in the Israeli prime ministership. While the prospects of Benjamin Netanyahu staying in power change from day to day, his absence could change the game – but with a weak left and an emboldened Israeli right, it is unlikely that either a left-led coalition or a pragmatic, right-leaning leader would come through.

You need only list the names of the potential prime ministers to conclude that a change in leadership would merely diminish peace prospects further: Naftali Bennett, Avigdor Lieberman, Moshe Kahlon, Yair Lapid, Avi Gabbay. None have a desire to see an end to the settlement enterprise or the illegal occupation of Jerusalem, or to see the emergence of an independent Palestinian state.

Gabbay, who leads the Labor party, opposes the removal of even the most isolated outposts, and he told a meeting of party activists that “the Arabs have to be afraid of us. They fire one missile – you fire 20. That’s all they understand in the Middle East.”

Climate of hatred

This is hardly a group of individuals that really want to see a just peace. And why would they not take advantage of a US administration that is solidly behind Israel’s expansionist goals?

The pro-Israel lobby in the US worked for decades to see an American administration that would not only acquiesce to Israeli demands, whatever they happen to be, but even use talking points produced by the Israeli foreign affairs ministry to make the case.

Among others, these talking points include comments about how “the settlements are not an obstacle to peace”, references to “realities on the ground” and “Israel’s security needs”, and remarks about how Israel is “unfairly treated” and picked on disproportionately considering everything else that is happening in the Middle East.

Trump’s disruption through his decision to recognise Jerusalem as Israel’s capital could have produced a climate much more favourable to peace – that is, if he had recognised West Jerusalem as the capital of Israel and East Jerusalem as the capital of Palestine, and conditioned the building of two embassies on the conclusion of peace talks based on international law, within, say, two years.

Instead, Trump clearly staked out his side, fuelling a climate of hatred and fear. Hope in the Holy Land has been in short supply in the past few decades, and Trump has turned the tap off entirely.

Unless he finds the courage and wisdom to retract his decision, the hope tap will remain off, and no amount of pleading by Abbas or a change in Israel’s leadership will be able to force it back on. This is bad for both Israelis and Palestinians.

– Kamel Hawwash is a British-Palestinian engineering professor based at the University of Birmingham and a long-standing campaigner for justice, especially for the Palestinian people. He is vice chair of the British Palestinian Policy Council (BPPC) and a member of the executive committee of the Palestine Solidarity Campaign (PSC). He appears regularly in the media as a commentator on Middle East issues. He runs a blog at www.kamelhawwash.com and tweets at @kamelhawwash. He writes here in a personal capacity.

The views expressed in this article belong to the author and do not necessarily reflect the editorial policy of Middle East Eye.

Photo: Palestinian leader Mahmoud Abbas speaks at the United Nations Security Council on February 20, 2018 (AFP)

El Cuarteto de Oriente Medio aún incluye a Estados Unidos, por lo que puede seguir formando parte del proceso de paz

Publicado por primera vez por el monitor de Oriente el 13/2/2018

Debido a la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel y su decisión subsecuente de cortar la financiación americana al UNRWA y a la Autoridad Palestina, el gobierno palestino en Ramala ha anunciado formalmente que Washington no puede seguir actuando como parte del proceso de paz. Mahmoud Abbas se pronunció poco después del anuncio de Trump en diciembre, declarando que los palestinos se habían comprometido con los asesores del presidente para llegar al “acuerdo del siglo”, pero, en su lugar, “recibimos un tremendo golpe.” Concluyó que “Estados Unidos ha elegido perder su papel como mediador… Ya no aceptaremos que forme parte del proceso de paz.”

Llegado a ese punto, el presidente de la Autoridad Palestina (AP) sugirió que la ONU debería asumir el papel de mediador. Sin embargo, la AP lleva buscando desde entonces una alternativa a EE.UU., cuya función se base en reunir a un grupo mayor de países influyentes para supervisar las negociaciones entre palestinos e israelíes.

Israel no se ha pronunciado al respecto, disfrutando de la completa imparcialidad estadounidense a su favor, ya sea por parte de los asesores de Trump, Jason Greenblatt y Jared Kushner, el embajador de EE.UU. a Israel, David Friedman, o la embajadora de EE.UU. en la ONU, Nikki Haley.

Durante su última visita a Israel, el vicepresidente estadounidense, Mike Pence, fue recibido como un héroe cuando se comprometió a desplazar la embajada de EE.UU. de Tel Aviv a Jerusalén antes del fin de 2019. Los palestinos se negaron a recibirle. Trump lo consideró una falta de respeto hacia Pence y hacia los Estados Unidos, y amenazó a la AP con más recortes en la ayuda americana a menos que volvieran a la mesa de negociaciones.

El siguiente recurso del pueblo palestino para buscar un mediador de las conversaciones de paz era la Unión Europea. Abbas visitó hace poco las instalaciones de la Unión Europea (EU) en Bruselas y habló con Federica Mogherini, alta representante de asuntos exteriores y política de seguridad. Si es que Abbas pensaba que la UE estaba dispuesta a asumir un papel significativo en el proceso de paz, acabó decepcionado. Mogherini reiteró las eternas posturas de la UE: “Primero de todo, quiero asegurar al presidente Abbas y a su delegación que la Unión Europea está firmemente comprometida con la solución de dos Estados, con Jerusalén como la capital compartida de ambos… basándose en los Acuerdos de Oslo y en el consenso internacional incorporado en las resoluciones relevantes del Consejo de Seguridad de la ONU.”

Mogherini también reafirmó la oposición de la UE respecto a la “actividad de asentamientos, que consideramos ilegal bajo el derecho internacional.” Le recordó a Abbas que la UE “ya ha invertido bastante en el proyecto de construcción del Estado palestino”, y prometió que el apoyo financiero de la UE continuará, “también para la UNRWA.” No respondió a la petición de Abbas de que la UE reconozca en bloque al Estado de Palestina.

Unos días después, en una conferencia de prensa previa a una reunión extraordinaria del Grupo Internacional de Donantes para Palestina en la sede de la UE, Mogherini declaró ante los periodistas que cualquier marco de negociación debía involucrar a “todas las partes”, enviando un mensaje firme de que Estados Unidos no puede quedar excluido: “Nada sin Estados Unidos, y nada sólo con los Estados Unidos.”

Esto ha supuesto un golpe contra el gobierno palestino, que tenía la esperanza de que los estadounidenses se quedaran a un lado del proceso de paz.

A los palestinos les quedan pocas alternativas. Los intentos de Francia de conseguir un papel más importante en el proceso de paz resultaron en la Conferencia de París, que se celebró bajo unas condiciones mucho más favorables a finales del gobierno de Obama, pero se convirtió en un desastre. La conferencia salió adelante, pero no consiguió mucho.

China  presentó su propuesta de paz con 4 puntos el pasado agosto:

  • Seguir adelante con la solución de dos Estados, basada en las fronteras de 1967, con Jerusalén este como a capital del nuevo Estado palestino.
  • Defender “el concepto de seguridad común, integral, cooperativa y sostenible”, acabando de inmediato con la construcción de asentamientos israelíes, tomando medidas para evitar la violencia contra civiles y pidiendo una reanudación temprana de las conversaciones de paz.
  • Coordinar los esfuerzos internacionales para crear “medidas promotoras de la paz que impliquen una participación conjunta.”
  • Promover la paz mediante el desarrollo y la cooperación entre Palestina e Israel.

Aunque no se ha hablado mucho sobre el potencial de la propuesta desde el año pasado, China intensificó sus esfuerzos por jugar un papel importante en el proceso de paz tras la decisión de Trump sobre Jerusalén. Sin embargo, en respuesta a una pregunta sobre el posible futuro rol de China en una conferencia de prensa el 21 de diciembre, la portavoz del ministerio de Exteriores, Hua Chunying, declaró: “La postura de China respecto al problema palestino es consistente. Respaldamos y promovemos activamente el proceso de paz en Oriente Medio. Apoyamos la causa justa del pueblo palestino para recuperar sus derechos nacionales legítimos… Estamos dispuestos a seguir ofreciendo ayuda constructiva para promover el proceso de paz israelí-palestino.”

China organizó un simposio el pasado diciembre en el que reunieron a representantes del pueblo palestino y el Estado israelí en un intento por resolver el estancamiento. La sesión culminó con la creación de un documento de posición no vinculante conocido como la “Iniciativa de Pekín”, sobre la que Hilk Bar, vicepresidente de la Kneset y de la Unión Sionista, dijo en una declaración conclusiva que pretendía demostrar que “es posible y necesario salir del punto muerto político y animar a los dos gobiernos a volver a la mesa de negociaciones.” Un alto cargo de la delegación palestina añadió: “Tenemos que buscar otro enfoque para el proceso de paz… Debe incluir a las superpotencias y a China; quizá uno de estos países podría jugar un papel importante.”

Los intentos de Rusia, otro miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, de asumir un papel líder en el proceso de paz se remontan a muchos años atrás, pero no han tenido éxito.

Hace poco, los palestinos han favorecido un acuerdo que recuerda al P5+1 que desarrolló el Acuerdo Nuclear de Irán, que se concluyó en 2015. El P5+1 se refiere a los 5 miembros permanente del Consejo de Seguridad de la ONU junto a Alemania. Un acuerdo similar podría seguir involucrando a los Estados Unidos, pero sin que monopolicen el marco de las negociaciones.

Un posible punto de partida podría ser el Cuarteto, conocido formalmente como el Cuarteto de Oriente Medio, formado por EE.UU., Rusia, la UE y la ONU. Describe su mandato como “de ayuda para las negociaciones de paz en Oriente Medio y apoyo al desarrollo económico y la construcción de instituciones en Palestina, preparando el eventual Estado.”

A primera vista, el Cuarteto, con una mejora de su equipo, podría ser la respuesta a la demanda palestina de disminuir el papel de Estados Unidos, en lugar de excluir por completo a Washington. Eso podría ayudar a cumplir con la insistencia de Israel de que EE.UU. ha de ser una parte importante de cualquier negociación futura.

El Centro Saban para la Política de Oriente Medio en Brookings evaluó el desempeño del Cuarteto en 2012 en su documento “The Middle East Quartet: A post-Mortem.” Concluyó que, excepto por ciertos logros iniciales hasta 2003, el Cuarteto no ha proporcionado ningún beneficio tangible, a excepción de “asegurar la involucración americana en el proceso de paz.”

Los palestinos podrían solicitar que se añadan ciertos países al grupo para que otorguen prominencia al papel que juegan. Podrían ser Japón, Egipto y China; quizá Reino Unido ahora que abandonará la UE. Dicho de otra forma, podría desarrollarse un formato Q4+, probablemente bajo un liderazgo de la ONU.

La ventaja de este acuerdo, que sería difícil organizar, es que su estructura básica ya existe. Es probable que los palestinos estuvieran de acuerdo con esta formación, pero, casi sin duda, EE.UU. e Israel la rechazarían. Sin embargo, esto demostraría la flexibilidad de Palestina y confirmaría el rechazo general de Estados Unidos e Israel.

Es necesario un marco alternativo para las negociaciones para resolver el conflicto, diferente a los 25 años de conversaciones fútiles dirigidas por los estadounidenses, cuya imparcialidad a favor de Israel está garantizada. Cuanto más tiempo exista el vacío que genera el rechazo palestino a la participación de EE.UU., más tiempo permanecerá el estatus quo, permitiendo a Israel seguir adelante con su proyecto colonial. Merece la pena considerar un Cuarteto renovado.